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Lo oscuro Publicado el 17 de junio 2003
Era del dominio publico que los Zetas extorsionaban y a base de
amenazas ponían a cuota a los giros negros de la ciudad como los vendedores
de droga, pateros, prostíbulos, contrabandistas y demás giros negros de la
ciudad, pero cuando esto comenzó a extenderse a otros giros, no
necesariamente ilegales, el problema y la fuerza de este grupo delincuencial
tomó otra dimensión.
El temor de algunos loteros y yonkeros de alguna manera viene a confirmar lo
publicado el día de ayer como una realidad dolorosa. Los mentados Zetas son
un poder ilegal, pero real que comienza a gobernar, a imponerse desde las
sombras frente a una autoridad legal que disimula o que también le teme.
En efecto, los grupos delincuenciales viven de la extorsión y del miedo de
sus víctimas, pero no sólo eso; también viven de la ilegalidad. Los Zetas se
proclamaron dueños del submundo de lo ilícito en Nuevo Laredo y así como
Hacienda cobra impuestos a quienes trabajan dentro del marco legal, los
Zetas lo hacen dentro de mundo ilegal.
Basta con una sospecha de haber cometido alguna ilegalidad para que según su
entender cause cuota en ese mundo que les pertenece.
Esto es una atrocidad para cualquier sociedad que aspire a ser gobernada por
leyes y gobernantes que den la cara y no por la fuerza de la violencia
asesina y fantasmas sin rostro ni nombre que pareciera que tienen derecho a
elegir quién vive… y quién muere en el pueblo.
El actual estado de terror que ahora priva, a causa de esta fuerza
delincuente que pareciera estar a la par o por encima del gobierno, es una
realidad y un precio que una sociedad debe enfrentar.
Si no queremos que estas fuerzas gobiernen nuestras vidas, tendremos primero
que armarnos de valor para reestablecer el mando de los ciudadanos y no de
los delincuentes.
Esto implica exigir, denunciar e incluso asumir riesgos, pero nunca
agacharnos, mucho menos paralizarnos y callar por miedo.
Una más de Cayuela
Publicado el 9 de marzo de 2004
Nadie duda de que nuestro procurador de Justicia en Tamaulipas,
Francisco Cayuela Villarreal, es un tipo divertido y sumamente ingenioso.
Alguna gracia habría que tener, diría alguno.
No solamente hablamos por sus singulares expresiones, hoy ya célebres, de
que “en Tamaulipas no hay secuestros”, de que “la inseguridad en Tamaulipas
es sicológica” o bien de que “los medios exageran los crímenes”.
Es su forma de combatir el crimen. Con frases célebres que, por supuesto,
nadie cree, pero que a todo mundo divierten.
El ingenio de nuestro personaje ya llegó ahora también a experimentar un
nuevo estilo para intentar cumplir con su trabajo: convertir homicidios en
suicidios, en decesos por enfermedad o en destinos fatales.
Seguramente nuestro inefable procurador Francisco Cayuela ya se dio cuenta
de que sus frases célebres ya no tenían el mismo efecto; el caso es que, al
menos en Nuevo Laredo, el borrar crímenes para irle bajando a la cifra
criminal y no andar con malas cuentas al final de año, es la técnica de
investigación de moda.
La consigna es colgarse de cualquier detalle para evitar establecerlo como
un crimen, uno más de los cientos que arrastra sin resolver desde hace tres
años. Así lo muestran los dos últimos casos, que se evidencian en la portada
de esta sección. Este método, quizás, suena desesperado, dado que no puede
resolver asesinatos, al menos intentará desaparecerlos. Si ésta no le
resulta, no dude que recurrirá a expertos espiritistas o a alienígenas para
que le ayuden.
Es entendible la desesperación en la fase final de este sexenio en el rubro
de administración de justicia, donde es un hecho que el gobernador Tomás
Yarrington, por razones inentendibles, ya no va a cambiar al procurador.
Ello a contrapié de los nulos resultados y el alto costo social que le ha
representado al Ejecutivo Estatal no haber cumplido unas mínimas
expectativas en cuestión de justicia. En fin. Allá ellos. A ver quién les
cree. Hasta mañana.
Narcoprensa
Publicadoel 2 de abril
Un importante funcionario de la Procuraduría General de la República nos
confiaba hace algunas semanas: en la frontera de Tamaulipas, las bandas del
narcotráfico no sólo han penetrado las estructuras policíacas, políticas y
hasta empresariales, sino que tienen controlada a la mayor parte de la
prensa.
Quisimos rebatirle ante tal ofensiva afirmación, pero nos dio algunas
referencias más. Casi generalmente por conveniencia económica, nos contó,
muchos reporteros y posiblemente editores guardan estrecha relación con los
policías, que indirectamente los han relacionado con los jefes de las bandas
de la plaza… Conocen los tejes y manejes y hasta los enjuagues en los que a
veces participan.
Algunos “periodistas”, dijo, se encargan la más de las veces de monitorear
información dentro de los medios, coptar, amenazar o comprar compañeros,
privilegiar o compartir cierta información y en ocasiones sacar notas que
beneficien indirecta o directamente a tal o cual grupo.
Por supuesto, nos refirió, no se trata de una mafia bien organizada… Algunos
saben, otros sospechan y otros más ni siquiera se dan cuenta de que apoyan a
cierto grupo armado de delincuentes.
La revelación, por más penosa que fuera, nos preocupó no sólo por los
periodistas que en EL Mañana aspiramos honestamente a informar con la
verdad, sino por la imagen que del periodismo fronterizo se pudiera formar a
nivel nacional.
Al final la vergüenza es para todos, para el periodismo, para la ciudad. Si
una parte esencial, vital, tiene la prens es la credibilidad. Si esta es
amenazada por el narco, todos los ciudadanos ya no tenemos a quien recurrir
para depositar nuestra confianza, más que en la Iglesia, si acaso…
Quisimos rebatirle, pero la duda nos asaltó. Y es que como nos señalaba una
señora ayer que se quejaba de la presencia de hombres de negro que
irrumpieron a la fuerza en una casa en la Colonia Madero y que nos decía: “a
estas alturas ya no sabemos quiénes son los malos y quiénes los buenos…”.
Quisimos decirle, pero no nos atrevimos: “Nosotros tampoco… señora,
tampoco…”.
Estos y otros
Publicado el 8 de enero de 2004
La imagen del cuerpo de Olga Lidia Osorio, tirado en una banqueta aquella
mañana del 8 de enero, era quizá la primera evidencia de que ese año del
2003 la violencia cobraría más víctimas de las acostumbradas en Nuevo
Laredo.
Acostumbrados a ver morir narcos policía en las calles, el hecho de que
fuera una jovencita alarmó además porque parecía rememorar los asesinatos en
Ciudad Juárez.
Si bien no a los indolentes autoridades, el crimen indignó a la sociedad
neolaredense, en especial a señoras de clase media y alta que se sintieron
particularmente conmovidas por su condición de mujeres y porque se trataba
de un acto brutal contra una niña.
La saña y bajeza justificaban plenamente la inquietud de la sociedad que
incluso llevó a varias mujeres a formar un grupo de protesta, que en varias
ocasiones reclamó a las autoridades más acciones contra la violencia.
Incluso un buen abogado gratuitamente ofreció apoyo legal a la familia para
dar seguimiento a las investigaciones de las autoridades judiciales que, al
principio apuradas por la presión, poco a poco fueron dando larga tras larga
a la resolución y al hallazgo del culpable o los culpables.
Hoy, 365 días después, la justicia sigue sin llegar.
Loas responsables directos e indirectos siguen libres.
Unos, los directos, quizá distribuyendo droga, golpeando, extorsionando,
corrompiendo, amenazando, envenenando. Sembrando el infierno. Los otros, los
indirectos, aquí seguimos, gritando pocos algunos; otros cobrando cada mes,
sin rubor, el sueldo como autoridad o representante de la justicia.
Hay, algunos pocos, aún quejándose, con sus voces apagadas con el tiempo o
silenciadas por el miedo. Otros, los más quizá empiezan a olvidar, a
resignarse y a ingresar el crimen a la larga lista de delitos que ilustran
nuestra cotidianeidad.
Con todos ellos ayudando, mas un entorno donde cometer delitos es como
cruzar la calle, era un hecho: Olga Lidia y su caso, ambos estaban
condenados a morir.
Ministerial: Semillero del delito
Publicado el 16 de enero de 2004
LA CORRUPCIÓN POLICIACA en el estado que tanto se evadió, se negó que el
gobierno de Yarrington capoteó los primeros años sin tomar al toro por los
cuernos tenía que ser crisis.
Tuvo que ser un empresario neolonés la víctima de la inseguridad en
Tamaulipas para que finalmente el gobierno del estado se pusieran a chambear
en serio buscando soluciones al problema, en el cual nos encontramos no
desde diciembre cuando sucedió el secuestro, sino desde hace años.
Dadas sus aspiraciones presidenciales el gobernador se apresuró en no quedar
mal con la opinión pública regia e hizo remociones, movilizó al procurador y
en un momento de lavar su imagen habló en televisión neolonesa. Pero los
discursos no bastan y la realidad se impone tarde o temprano.
El hecho que no se reconocía es que la Policía Ministerial siempre ha sido
semillero de delincuentes. Por sistema está en venta al capo que mejor pague
por sus servidores de complicidad y encubrimiento y por ello la propia
policía es la que está generando esta crisis. Como en el reciente caso del
secuestro del empresario regio Antonio Cervantes Ezpeleta, los involucrados
son precisamente ex policías; el mismo hecho de tener que “importar” a un
policía para el cargo de director de la PME habla de que en Tamaulipas no
queda uno sólo limpio de la corrupción.
Ese es el verdadero reto de Tamaulipas, para éste y los gobierno que
vendrán, recuperar la autoridad, el orden perdido y mantener la delincuencia
a raya a través de un policía que sea impermeable a los sobornos e
intimidaciones de la mafia.
Pero aún a pesar de la indignación y la terrible importancia de saber que
vivimos en un estado donde la delincuencia prácticamente esta por encima de
la ley queremos que las autoridades ganen esta batalla. El gobierno debe
imponerse y sin más excusas resolver el problema.
Solo así viviremos mejor en Tamaulipas, porque los lemas de campaña no
sirven sino se avalan en la realidad. Hasta mañana.
Amarillismo
Publicado el 28 de enero de 2004
BIEN, NO EXAGERAMOS. Los tres asesinatos el sábado ante decenas de
testigos no deben ser motivo de escándalo o amarillismo de los medios para
vender.
Total, entendemos que son hechos relacionados con el narco, impredecible, o
bien producto de pleitos entre pandillas y además sucedió en una hora en que
no había mucha gente o sólo gente trasnochada. Se suelen matar entre ellos,
es la costumbre.
Dejemos a un lado, sí acaso podemos, el inmenso dolor de la familia de
Daniel Lumbreras, un inocente y prometedor joven que tuvo la mala fortuna de
estar en el lugar equivocado y que cayó también víctima de las balas
asesinas. Total, fue la mala suerte.
Tampoco hagamos tanto caso al hecho de que asesinaron en pleno centro de la
ciudad, pese a la teoría presenciada de policías municipales y federales,
encargados de dar seguridad a los ciudadanos y al turismo estadounidense en
el área cercana al puente internacional. Total, se les fue... Todo fue tan
rápido y además los asesinos tienen armas muy poderosas.
Bueno, sí, algunos turistas estadounidenses dejarán de venir un rato. Pero a
lo mejor en unos días se les olvida y nuevamente se acercan a los bares y
demás negocios que dependen de que cada semana visiten la ciudad y consuman
comida mexicana, artesanías, alcohol o sexo... Al final, mucho de lo que se
encuentran aquí, no se puede encontrar tan fácil allá. No nos abrumemos por
ello.
Por supuesto, no podemos evitar el hecho de que habrá afectación económica,
nuestras propiedades valdrán cada vez menos y mucha gente ha optado por irse
a vivir a Laredo. Pero igual, al rato nos repondremos. Nada más que se
acomoden los Zetas o los Equis.
Sí, duele un poco que Nuevo Laredo siga siendo noticia a nivel nacional o
internacional por la violencia que atrae vivir en la frontera.
Pero igual nuestra mayor fama sigue siendo que somos el mayor puente
internacional, y la capital aduanera de Latinoamérica... Es cuestión de
perspectiva.
Sí, tienen razón, no exageremos, en San Ignacio, Sinaloa, van 21 muertos en
25 días... Aquí apenas llevamos seis. Total, siempre hay alguien peor.
Sí, de acuerdo, no vamos a ser amarillistas.
Evidencias
Publicado el 12 de noviembre de 2003
POR SUPUESTO, a algunos escandalizará, a otros ofenderá, pero todos están
obligados a ponerle atención e interés al asunto del posible acto de
corrupción de Manlio Fabio Sada Escalante, no sólo por lo que significa en
sí mismo, sino porque al final de cuentas no se trata del mero escándalo,
sino de dejar un precedente hacia el futuro.
Hoy cuando en sesión de Cabildo se ventile el asunto del probable conflicto
de intereses en que incurre el director de Obras Públicas al otorgar
contratos de obras a una empresa en donde tiene o tuvo participación
familiar directa, es necesario que al final la opinión pública quede
convencida de que se va a hacer justicia y no se va a encubrir a nadie.
Tanto regidores de la oposición representados por el PAN, como los del
partido mayoritario en el PRI, que tantas pruebas han dado de lo contrario,
ahora están obligados a analizar evidencias para entablar o solicitar mínimo
una investigación e incluso una demanda de hechos ante el Ministerio Público
por la probable comisión de delitos.
Sin embargo, quien está más obligado a ello es el mismo alcalde José Suárez
López, quien enfrenta nuevamente un serio cuestionamiento de honradez contra
otro de sus funcionarios.
Hoy se tiene la posibilidad de establecer un precedente, aquí mismo en Nuevo
Laredo, no en Victoria y además sin depender de ataques, presiones,
denuncias o extremismos de posiciones partidistas o electorales.
Aquí lo que está a prueba no es si se pueden o no eludir las denuncias, de
cuál es su origen o cuál su objetivo; se trata sencilla y llanamente de
demostrar que hay una verdadera intención de transparencia de parte de un
Ayuntamiento hoy bajo la lupa.
Al final lo que hace un medio de comunicación es poner elementos a la
consideración del lector, de los ciudadanos y de las autoridades que están
obligadas a responder para investigar y sancionar.
Es lo mínimo ante un posible delito. Lo contrario será posiblemente otro.
Mala suerte
Publicado el 14 de enero de 2003
Eventualmente cuando escribimos una columna comunitaria –como esta aspira
ser-, abordamos temas individuales, reflexionamos sobre asuntos específicos
y por separado lanzamos juicios y opiniones. Pero a veces es menester
recapitular, dejar de observar el árbol para contemplar el bosque, con todo
lo que hay en él y así no perder la perspectiva.
En esa modesta tarea, creemos que nunca en toda su historia oficial, Nuevo
Laredo había vivido una etapa tan oscura como ahora. En sus 160 años de edad
nunca se había registrado el grado de descaro, de incompetencia y corrupción
como la que ha experimentado el Municipio en los últimos dos años.
En este y muchos otros sentidos, Nuevo Laredo es una ciudad que retrocede.
Somos el Municipio con más recursos en el estado, pero también el único que
sufre una restricción financiera que no corresponde a su presupuesto.
La corrupción se extiende y se alimenta así misma, la impunidad prospera,
los delitos, las anomalías, los desvíos no encuentran castigo y el Municipio
parece ser un botín para los oportunistas, ambicionada por hombres sin
convicción. El presupuesto público como antaño sigue fabricando millonarios,
y ahora sacando del pozo a empresarios fracasados y morosos metidos a
políticos.
El perfil codicioso e inconsciente de las máximas autoridades municipales
parece ya haber descendido al resto de la administración pública como el
polvo que cae en una escalera y ensucia poco a poco cada escalón. La
indolencia se vuelve rutina y la corrupción sistema.
Mientras tanto el ciudadano se lamenta, sabe que algo no está bien y
atribuye la culpa a su mala suerte. No sabe que su mala suerte, en parte
tiene nombre y apellido, ignora que su desgracia tiene rasgos faciales y que
se ampara tras un puesto de “elección” popular.
Pasa por alto que en buena medida esa venta que no se concreta, es cliente
que no llega, ese empleo que se fue, tiene que ver con la confianza, la
eficiencia y la competencia de quienes deciden la inversión y destino de los
recursos públicos.
En este repaso el bosque que en otros tiempos lucía verde, generoso y
prometedor, hoy, por nuestra “mala suerte”, luce marchito, talado y
contaminado sin que hasta ahora haya señales esperanzadoras para florecer.
Hasta mañana.
Cadenas
Publicado el 8 de abril de 2003
La lucha contra la delincuencia implica una cadena. Una cadena que
empieza desde la educación, en las familias y en los maestros, que prosigue
en la sociedad y termina en la autoridad...
Si algunos de esos eslabones está fracturado, la violencia sencillamente es
una consecuencia natural, explicable y sin solución inmediata.
En el caso de Nuevo Laredo, la anormal violencia se explica porque algunos o
todos los eslabones no están cumpliendo su función contra la violencia.
En el seno familiar y escolar, el establecimiento de valores claros por la
paz y la legalidad, por la justicia y por la honestidad, suponen el abonar
mediante la teoría y la práctica a que un niño, cuando sea adulto asuma que
el delito es malo y debe rechazarse.
De parte de la sociedad o de una comunidad, su vocación pacífica se
manifiesta no sólo en crear una infraestructura que promueva y estimule el
sano esparcimiento, las buenas relaciones, el respeto, entre todos sus
miembros, sino que constantemente genere actividades donde se estimule y
premie las buenas acciones.
Finalmente, a la autoridad le caben dos funciones igualmente estratégicas:
la prevención del delito, el atrapar a los delincuentes y finalmente
castigarlos, para su eventual posterior rehabilitación.
Es evidente que en este último sentido prácticamente no tenemos autoridad,
ni los policías previenen, ni los agentes encuentran a los delincuentes, ni
los jueces imponen sanciones severas, ni las cárceles rehabilitan.
En este último sentido, es relativamente fácil el reclamarle a una autoridad
que prácticamente no lo es… ubicar la problemática de una desbordada
violencia en su evidente irresponsabilidad.
Sin embargo, eso en ninguna forma exculpa que Nuevo Laredo padezca, desde
las casas, escuelas y familias, en la sociedad entera, evidentes fallas en
el papel que le toca cumplir en contra de la violencia.
Hace rato debimos empezar…
El agua… como presión
Publicado el 8 de mayo de 2003
Ya estamos más ariscos que la burra del refrán en todo lo
que huele a PRI y obras sociales del gobierno que, por tradición, el viejo
partido en Tamaulipas utiliza como gancho para amarrar políticamente a los
densos sectores de las colonias populares.
Pues resulta que de las once colonias que padecen del servicio de agua
potable entubada, al menos cinco de ellas ya cuentan con las tomas
correspondientes y sólo bastan trámites burocráticos para que sean
conectadas a las viviendas.
Sin embargo, llama la atención que algunas de esas tomas están allí desde
noviembre del año pasado y por alguna extraña razón o sinrazón no han sido
conectadas a las viviendas para que las vecinos residentes puedan finalmente
vivir con dignidad.
¿Para que esperar inhumanamente seis meses? Podría ser en efecto los
trámites burocráticos o la misma ineficiencia habitual de nuestras
autoridades. Pero existe otra posibilidad, que responda a una de las
recurrentes estrategias políticas para amarrar a ese electorado ahora que
están próximas las elecciones a diputado federal.
Históricamente se han utilizado las obras de gobierno como instrumento de
manipulación y coacción. En cada elección sean locales o federales tenemos
ejemplos de ello; programas de drenaje, equipamiento, de apoyo al campo,
escolares etcétera.
No es que seamos desconfiados, pero tendremos que estar atentos a evitar que
en esta ocasión sea el agua el instrumento para presionar a la gente y
tratar que la libertad del voto sea lo más extenso posible.
Con las necesidades de la población no se juegan y en este momento en que
arrecia la necesidad por vital líquido, es inhumano capitalizar la necesidad
electoralmente…
Ojo con ello.
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