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¡Asesinó al asesino!, Eduardo Valle, "El Búho"
Frontera olvidada
Rafael Loret de Mola
La Impunidad de Yarrington
Sanjuana Martínez, periodista, revista Proceso.
El juego de Yarrington
Luciano Campos Garza  
¿Buenos vecinos?
Luis Aguilar
 

 

Panorama Norteamericano / Eduardo Valle
El Universal, Domingo 16 de mayo de 2004
primera seccion

¡Asesinó al asesino!

 Don Tomás Yarrington Ruvalcaba, gobernador del estado de Tamaulipas, es un hombre muy inteligente. Pero tiene mala suerte. El señor gobernador a quien en la vida le ha favorecido el color azul, dicen, como afirman también que sus vegetales favoritos ahora son los espárragos, y por ello El Azul Esparragoza hace tantos negocios en ese estado es capaz de ordenar casi cualquier cosa. Ahora anda empeñado en hacer candidato del PRI a gobernador a un señor llamado Eugenio Hernández, muy guapo, atractivo, como lo afirma en su propaganda política como precandidato. Pero no ordena tonterías que van contra la lógica más elemental. Por ejemplo: si un importante periodista de Nuevo Laredo es asesinado a cuchilladas, su nada eficaz Policía Ministerial de repente obra milagros y descubre que en el mismo conjunto de departamentos vivía una pareja de homosexuales. Y uno de ellos, sin explicación racional, enloquece de celos y asesina al periodista. Nada más se trata del caso de un desafortunado "atleta" homosexual, violento y acosador que quizá, quién sabe, todo es posible, movido por ciegas razones, pensó, creyó o imaginó que su pareja se acercaba al periodista muerto. Extraño caso: ¿el periodista era homosexual? "No hay ningún indicio que apunte en esa dirección", afirmó el ahora ex procurador de Justicia Francisco Cayuela, quien renunció a su puesto el 14 de mayo, después de "resolver" un homicidio con enormes repercusiones. Hasta aquí la lógica se encuentra "un poquito atropellada" por la falta de motivo del atleta acosador. Pero los presuntos homicidas ya están en la cárcel, enfrentando a la justicia. Como se comprometieran el señor gobernador Yarrington y su ex procurador Cayuela. No se presentaban mayores problemas. El gobernador cumplía.

Pero la "solución" del homosexual violento, acosador y loco de celos se complicó. El presunto homicida resultó ser ciudadano estadounidense, y comenzó a demostrar ante las autoridades de su país que fue torturado a la hora de las confesiones ante la Policía y los jueces tamaulipecos. Y lo que era un sueño de Cayuela (resolver el homicidio de nuestro colega Roberto Mora, director editorial de El Mañana de Nuevo Laredo , muerto el viernes 19 de marzo del presente año en esa ciudad fronteriza), se convirtió en su peor pesadilla. Porque, como afirmó Televisa en sus noticieros, "mataron al asesino del periodista Mora". En efecto, un interno muy peligroso, con cinco procesos, incluyendo el de homicidio con agravantes, le produjo 88 heridas de arma punzocortante al atleta acosador, quien le molestaba en los pasillos. Aunque el segundo asesino material, en su primera versión de los hechos y en entrevista con reporteros de El Mañana de Nuevo Laredo , apenas recuerda "aproximadamente como unos... yo conté como unos diez piquetes". El asesino del asesino (versión gobierno del estado, Televisa y la mayoría de los medios de comunicación en Tamaulipas) nada más se acuerda de diez puñaladas. Pero el cuerpo del ciudadano estadounidense Mario Medina presenta 88 heridas. O sólo 37, como el primer informe médico. No es cualquier dato: se trata de tiempo. No ocupamos el mismo tiempo para asestar diez puñaladas que 88 ó, en su caso, 37. El "asesino del asesino" dispuso de varios minutos, al menos, para matar a Mario Medina. Y parece no existir ningún preso o guardián testigo de los hechos. Era un pasillo muy solitario, aunque cercano a una tienda de abarrotes. Y a esa hora de la tarde, es probable, casi todos los internos se encuentran en sus celdas. De grado o por fuerza. Aunque unos pocos, muy pocos, se dirigen a las canchas de futbol. Y los vigilantes duermen la siesta. Cuando ellos despertaron, de inmediato lavaron su conciencia y también, con agua, el lugar de los hechos. Aprehendieron a Roberto Herrera González, el desmemoriado, y borraron toda huella de sangre.

Vamos: debemos protestar. Una cosa es que el señor gobernador Yarrington sea muy inteligente y busque, con cierto éxito, que nos traguemos estas ruedas de molino de manera reiterada. Y otra cosa es que no acepte su mala suerte. Primero: el presunto asesino confeso de Roberto Mora resultó ser estadounidense, y hasta el embajador de EU, Tony Garza, demandó garantías a su seguridad física y jurídica. Y, segundo, el mismo día de la muerte del atleta desafortunado y acosador (cuando hacía ejercicios se golpeaba continuamente con los aparatos; por eso la Policía lo presentó ante el juez con tantos moretones, declaró el inefable Cayuela), la cadena Univisión dedicaba alrededor de 20 minutos al homicidio del periodista Mora, a nivel nacional. Así es: Roberto Herrera, el desmemoriado de los diez piquetes, no tenía por qué saber que el día del crimen, Mario Medina y su pareja Hiram Oliveros Ortiz insistirían en su inocencia y en la falta de motivo para asesinar a Roberto Mora. Frente a una televisora de EU.

Pura mala suerte del señor gobernador. ¿A quién se le ocurrió involucrar en un crimen con grandes repercusiones a un estadounidense? Al señor gobernador, no. En forma alguna; de ninguna manera. ¿Y quién permitió que el atleta desafortunado acosara sexualmente a un peligrosísimo interno, medio desnutrido y abatido por la vida, pero todavía capaz de ganarle la mano a cualquiera a la hora de sacar la punta? Por supuesto, el señor gobernador, no. Por eso don Francisco Cayuela tenía que presentar su renuncia; por "motivos de carácter personal". Lo sustituye Ramón Durón Ruiz, quien fuera secretario particular del señor gobernador y distinguido localmente por sus publicaciones sobre el personaje popular conocido como El Filósofo de Güémez .

Este doctor en Historia ahora bien podría evitar que Hiram Oliveros Ortiz, acusado como copartícipe en el homicio de Roberto Mora García, se suicide con sus agujetas. O se ahogue con su propia lengua, insistiendo en su inocencia. Oliveros, recordemos, no es un atleta acosador ni violento. O vaya a creer que puede viajar a Guatemala, acompañado por otro señor Durón, mejor conocido como Luis Ferrel. Y en el soñado camino le caiga encima un piano. Caramba: pura mala suerte. Si los dos "asesinos", el material y su cómplice, nada más hubiesen sido mexicanos. Todo se habría resuelto sin tanta alharaca de cónsules y embajadores. Pidamos menos: si el muerto fuese Hiram Oliveros y no el estadounidense Mario Medina, veríamos cómo este último confesaba de inmediato los asesinatos de Kennedy, Luther King y Ghandi. Como antes confesó el de Roberto Mora. Cumpliendo la promesa del señor gobernador: "Vamos ir hasta el fondo de este asunto, caiga quien caiga". Para terminar descubriendo que se trató de las pasiones inexplicables de un atleta homosexual quien, por algún motivo desconocido, una noche cualquiera, bajó de su departamento para matar a Roberto Mora.

Y luego incriminar al señor Eduardo Coss, quien tuvo la fortuna de contar con el apoyo de su familia para demostrar que él estaba en otro lugar en el momento del primer homicidio. Y, también, olvidar el cuchillo con el cual Medina "cometió el asesinato" ¡en la cocina de su departamento! De donde fue rescatado por los inteligentes investigadores del señor gobernador; quienes descubrieron casi de inmediato que el simple cuchillo sí tenia manchas de sangre, pero abajo de las hojas de madera. No a simple vista. Pues Medina, según los inteligentes investigadores del señor gobernador y del ex procurador Cayuela, habría lavado en diez minutos el cuchillo, habría limpiado la sangre de sus ropas y de su propia casa. Y luego se habría hecho presente frente a la Policía. De ese tamaño la velocidad y la maldad del desafortunado atleta acosador. Y pensar que todo esto querían, desde el gobierno del estado, lo aceptara sin más la opinión publica. Caray: cómo complican las cosas esos asuntos de la ciudadanía. Y las fallas de programación. Y, eso sí, el señor gobernador sí sabe programar. Por ello, él no es responsable ni de su mala suerte (ciudadano estadounidense como presunto homicida) ni de las fallas de programación de sus colaboradores. En fin: ya se fue a casa, a reponerse en salud, el señor Cayuela. Había aguantado todo: hasta la violencia desatada de Los Zetas . Pero lo alcanzó la mala suerte del inteligente Tomás Yarrington. Y algunos errorcitos de programación que el gobernador no puede tolerar: lo dejan mal parado con su compadre George W. Bush y con el Departamento de Estado en Washington.

Desde un primer momento la Policía Ministerial de Tamaulipas trató este asunto como "un caso pasional". Una versión un poco trillada del "ajuste de cuentas". Salieron con el viejo truco de "iremos hasta el tope; ésa es la promesa del gobierno". Apostando al olvido y a que casi nadie desearía profundizar en un asunto que podría llenar de lodo a muchos. El "asesino" era un homosexual cegado por sus pasiones y sus celos. Pero quien contestó al gobierno, con una carta hermosa y valiente, fue la esposa de nuestro colega Roberto Mora. Quien conozca el valor moral de esa mujer podrá sentirse orgulloso nada más de ser humano. Algún día deberemos reproducirla. Y luego, mataron al asesino. Eso nos dijeron casi todos los medios de comunicación locales y los corresponsales de los diarios y medios nacionales. Por fin, ya podía cerrarse el caso. Nada más queda vivo Hiram Oliveros. Pero él es mexicano; no van a intervenir cónsules o embajadores para exigir garantías. También queda la opinión pública, a la cual casi siempre se podrá cegar con las historias de los atletas homosexuales, enloquecidos de inexplicables celos; pero la cual ya sabe que Tomás Yarrington no goza de buena suerte. Y en su equipo ya olvidaron cómo programar los asuntos de la justicia. Más aún en casos delicados, con estadounidenses involucrados en homicidios de periodistas.

Bueno: también quedamos nosotros, los colegas de Roberto Mora. Y muchos podemos olvidar con cierta facilidad cuando matan a uno de nosotros. Fue por "ajuste de cuentas entre narcos". No lo olvidemos: era muy borracho. O como en este caso: lo mato un homosexual enloquecido. Mejor que se cierre el caso pronto. Y hasta algunas veces: era honrado, profesional y limpio. Pero cometió el error de denunciar la injusticia y la corrupción. ¡Más aún!: olvidemos lo mas pronto posible este tipo de casos. Ya lo sabemos: un periodista profesional y serio es candidato inmediato al homicidio. ¿Para qué se mete con los narcos y sus amigos en el gobierno? Por elemental decencia y por respeto a la familia de este compañero, no deberíamos recurrir al olvido.

miguele@xanadu2.net

 

AlMargen
www.almargen.com.mx/medios/2004/03/mora.htm

Asesinan al periodista Roberto Mora García, director editorial de El Mañana de Nuevo Laredo
 

 

El director editorial del periódico El Mañana de Nuevo Laredo, Roberto Javier Mora García, de 44 años, fue asesinado esta madrugada de 26 heridas producidas con arma blanca, a unos metros de su domicilio, informaron las autoridades. Los editores del diario piden que la PGR investigue el homicidio.
 
El Presidente Fox instruye a la PGR coadyuvar en la investigación
La SIP, el Comité de Protección de Periodistas de Nueva York y PFC condenan el homicidio
Reporteros sin Fronteras pide establecer si el crimen tiene relación con su labor periodística
Con Roberto Mora, todos morimos un poquito

 

Nuevo Laredo, Tamaulipas | Viernes 19 de marzo de 2004 

El homicidio de Roberto Javier Mora García se registró cerca de las 02:00 horas de este viernes 19, cuando el periodista llegó al departamento donde residía, luego de concluir sus labores en el diario, informó el agente del Ministerio Público en turno, Oscar Sepúlveda Contreras.

El cuerpo de la víctima, de 44 años de edad, fue encontrado cerca de su camioneta Ford Escape con placas de circulación WZJ-3117 del estado de Tamaulipas, la cual aún tenía las llaves puestas y la puerta del conductor abierta.

Mora García, descrito como por los editores del diario como “un periodista íntegro, ético, extraordinariamente disciplinado con su trabajo” era director editorial del periódico El Mañana desde 2000 y editaba el semanario North México Business, de corte financiero.

Roberto se inició como reportero en El Norte de Monterrey, en 1981, posteriormente trabajó como Editor en el mismo periódico. Años después laboró en Diario de Monterrey.

Directivos de El Mañana, fundado en 1932 y perteneciente a la familia Deándar, solicitaron la intervención de la Procuraduría General de la República (PGR) para que atrajeran el caso, pero éstos se negaron argumentando que las investigaciones correspondían a la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) al “tratarse de un crimen menor”, de acuerdo a una nota publicada en el sitio web del diario.

No robaron sus pertenencias

Una llamada telefónica recibida a las 2:10 horas en el Servicios de Emergencias 066, establecía que una persona se encontraba tirada en el suelo en la calle Guanajuato entre Donato Guerra y César López de Lara, de acuerdo con la versión online de El Mañana.

“Los oficiales Bernardino Cruz Catarina y Guadalupe Herver a bordo de la patrulla 328, arribaron al sitio encontrando a las afueras del complejo departamental marcado con el 3890 de la calle Guanajuato, a Mora García, en posición boca arriba, con la cabeza hacia el sur y los pies hacia el norte”, se agrega.

El cuerpo vestía camisa azul celeste, pantalón negro de vestir, calcetines del mismo color, zapatos y cinturón negro y una playera interior color blanca. A unos tres metros las autoridades hallaron sus lentes y un bote de basura de metal tirado a media calle con huellas de sangre. El cadáver presentaba diversas heridas producidas por arma punzo-cortante.

“Alrededor de 15 metros de distancia y muy mal estacionada –según la nota–, las autoridades hallaron su camioneta color amarilla Ford Escape XLF, modelo reciente, cuatro puertas y con placas de circulación WZJ-3117, del estado de Tamaulipas”.

El vehículo se encontraba con la puerta del piloto entreabierta, mientras que el cristal del copiloto estaba bajado. Dentro de la camioneta aún se encontraban las llaves pegadas al switch y su saco color azul y un pedazo de pan sobre el asiento del copiloto.

En el mismo sitio estaban estacionados tres vehículos más, coincidentemente otra Ford Escape del mismo color y de las mismas características con placas de circulación XAY-10-49, de Tamaulipas, un Buick rojo cuatro puertas con placas 654-TLA-6, de Frontera Tamaulipas y otro automóvil más, de acuerdo con El Mañana online.

“Ninguna de sus pertenencias le fue robada”, se afirma.

Las primeras investigaciones arrojaron que Mora García pocos minutos antes había salido del periódico El Mañana, como lo hacía comúnmente, enfilando por la calle Morelos hasta llegar a su domicilio en el departamento Uno del complejo departamental de la calle Guanajuato, entre Donato Guerra y Cesar López de Lara.

“Presumiblemente la víctima no habría terminado de estacionar su vehículo cuando descendió del mismo en tanto él o los atacantes que ya lo esperaban, se le abalanzaron con alevosía y ventaja provocándole varias heridas con un arma punzocortante”.

Según las autoridades, Roberto Javier Mora García alcanzó a resistirse y forcejear con sus atacantes, ya que había varias huellas de sangre y sus lentes de aumento tirados junto al bote de basura.

Mora García apenas hace no más de cuatro meses se había cambiado al departamento, luego de vivir por varios meses en el fraccionamiento “Las Alamedas” por lo que sus vecinos dijeron no saber mucho de él.

De los hechos tomó conocimiento el titular de la Agencia Segunda del Ministerio Público del Estado, Oscar Sepúlveda Contreras, quien dio fe del cadáver y ordenó su traslado a una funeraria de la localidad para que se le practicase la autopsia de ley.

El Mañana exige esclarecer los hechos

En una nota editorial publicada en su versión online www.elmanana.com.mx la empresa exige a las autoridades el esclarecimiento del homicidio, el cual ubica dentro del clima de violencia en la ciudad, donde 26 personas han sido asesinadas en lo que va del año. El editorial es el siguiente:

“Hoy El Mañana está de luto. La muerte, el artero crimen de Roberto Mora García, el compañero, el amigo, el periodista, ha herido profundamente el ejercicio del periodismo independiente en Nuevo Laredo, en Tamaulipas y en el país entero”.

El Mañana de Nuevo Laredo manifiesta su honda indignación por los hechos que cegaron la vida de nuestro compañero y deploramos el clima de violencia y de impunidad que prevalece en la ciudad. Al mismo tiempo exigimos a las autoridades una exhaustiva investigación que conduzca al esclarecimiento de los hechos y al castigo que de acuerdo a la ley merecen el o los responsables”.

“Roberto Mora fue un periodista íntegro, ético, extraordinariamente disciplinado con su trabajo y cabalmente comprometido con los lectores a los cuales servía con un trabajo esmerado”.

“Defendía con pasión la libertad de escribir sin ataduras y se empeñaba cada día en editar un periódico que le resultara útil a la sociedad”.

“Este hecho que ensombrece la redacción del periódico El Mañana ha inundado de dolor todos los que aquí laboramos, el lugar donde pasaba la mayor parte de su tiempo y que prácticamente se había convertido su propia casa. La redacción tenía para él un significado profundo, un valor que podía dar luz y alivio a una comunidad que ha sido por años desgarrada por la violencia de la que él mismo resultó víctima”.

“Por ello, esta Infamia sólo puede ser redimida con el cabal esclarecimiento de los hechos que hagan justicia a la familia de Roberto Mora García, a sus amigos, a sus compañeros de trabajo, a sus colegas periodistas y a la sociedad en su conjunto”.

“¡¡JUSTICIA!, NO LA PEDIMOS, NI LA IMPLORAMOS, LA EXIGIMOS”.

Solidaridad y condena internacional

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), el Comité de Protección de Periodistas (CPJ), con sede en Nueva York, y Reporteros Sin Fronteras, entre otros organismos, condenaron de inmediato el homicidio de Roberto Mora y exigieron a las autoridades el esclarecimiento del caso.

Rafael Molina, Presidente Comisión de Libertad de Prensa e Información de la SIP, dijo en un mensaje a El Mañana que el organismo considera el envío de la Unidad de Respuesta Rápida de la Comisión de Impunidad para realizar una investigación in situ.

El Mañana difundió algunos de los mensajes recibidos en su redacción, los cuales pueden consultarse en el sitio del periódico www.elmanana.com.mx

Duro golpe a la libertad de prensa: SIP

Estimada Sra. Ninfa Deandar y Sr. Heriberto Cantú Deandar:

En nombre de los mil 300 socios de la Sociedad Interamericana de Prensa respetuosamente deseamos expresar nuestras condolencias a los familiares del director editorial Roberto Javier Mora García, y nuestra solidaridad para con sus colegas y personal en El Mañana, así como con toda la comunidad periodística y de bien de Nuevo Laredo.

Lamentamos que los que recurren a la violencia hayan sesgado la vida del colega Mora, lo que sin lugar a dudas implica un duro golpe a la libertad de prensa y, más aún, al derecho del público de Nuevo Laredo a la información.

La SIP expresa su compromiso de seguir e impulsar el desarrollo del caso ante las autoridades correspondientes y considera el envío de la Unidad de Respuesta Rápida de la Comisión de Impunidad para realizar una investigación in situ.

Nos sumamos al momento de dolor y vacío de aquellos que compartieron de manera personal y profesional con Mora y reiteramos nuestro interés y exhortación para que las investigaciones oficiales den con los responsables materiales e intelectuales de este crimen.

Atentamente

Rafael Molina, Presidente Comisión de Libertad de Prensa e Información

 
[Comunicado de la Sociedad Interamericana de Prensa]

SIP solicita investigación profunda por asesinato de periodista mexicano

Miami (23 de marzo del 2004).- La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) solicitó hoy al gobernador de Tamaulipas que disponga de recursos estatales y solicite el apoyo de las autoridades nacionales para investigar con profundidad y someter ante la justicia a los responsables del crimen del periodista Roberto Javier Mora García.

Mora García, de El Mañana de Nuevo Laredo, fue asesinado la madrugada del viernes 19 de marzo frente a su vivienda tras culminar su jornada laboral como director editorial del periódico. El periodista recibió más de 20 puñaladas que le ocasionaron la muerte. Las autoridades iniciaron las investigaciones pero aún no se han establecido los móviles del crimen.

Los presidentes de las comisiones de Libertad de Prensa e Información, Rafael Molina y Contra la Impunidad, Alberto Ibargüen, enviaron una misiva al gobernador del estado de Tamaulipas, Tomás Yarrington Ruvalcaba. Copia de la carta también fue enviada al presidente de México, Vicente Fox, con quien la SIP discutió el tema de los crímenes contra periodistas durante su reciente reunión en Los Cabos, Baja California.

Tanto Molina, del diario dominicano El Nacional e Ibargüen, del estadounidense, The Miami Herald, reiteraron el anuncio de la SIP del viernes pasado en cuanto a que la organización enviará periodistas de su Unidad de Respuesta Rápida para investigar el asesinato de Mora García en México.

 

[Carta de la SIP al Gobernador de Tamaulipas,
con copia al Presidente Vicente Fox]
www.sipiapa.com

23 de marzo del 2004

Lic. Tomás Yarrington Ruvalcaba
Gobernador Constitucional del Estado de Tamaulipas
México

Sr. Gobernador:

Por la presente expresamos nuestra más profunda condena por el crimen de Roberto Javier Mora García, director editorial de El Mañana, de Nuevo Laredo. Si bien nos manifestamos respetuosos de las leyes del Estado, le exhortamos a que en la investigación puedan ser también requeridos recursos nacionales a fin de esclarecer este crimen con celeridad y profundidad.

Desde hace varios años la Sociedad Interamericana de Prensa viene denunciando el riesgo al que están expuestos los periodistas que laboran en la frontera entre México y Estados Unidos; y nos preocupa el clima de autocensura que un crimen de esta magnitud pueda ejercer sobre los demás periodistas.

El asesinato del periodista Mora García deja una seria fisura sobre el ejercicio del periodismo y representa una sensible baja para la opinión pública de Nuevo Laredo, por lo que tenemos la confianza de que se dispondrá de todos los mecanismos estatales y nacionales para que se puedan deslindar responsabilidades y someter a los autores del crimen con toda la rigurosidad de la ley.

Atentamente,

Rafael Molina
Presidente
Comisión de Libertad de Prensa e Información

Alberto Ibargüen
Presidente
Comisión Contra la Impunidad

CC. Vicente Fox, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos

 
[Carta del Comité para la Protección de los Periodistas]

Estimada Sra. Ninfa Deandar y Sr. Heriberto Cantú Deandar:

Carlos Lauría, coordinador del programa de las Américas del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), por sus siglas en inglés, expresa al periódico El Mañana la solidaridad para el diario y la familia de Roberto Mora.

El CPJ es una organización independiente, no gubernamental, creada en 1981 para denunciar abusos contra los periodistas y promover la libertad de expresión alrededor del mundo, con sede en la ciudad de Nueva York.

El CPJ está siguiendo de cerca el caso del director editorial de El Mañana, para determinar si su asesinato tiene relación con su trabajo profesional.

El CPJ e insta a las autoridades locales a realizar una completa y exhaustiva investigación para llevar a los responsables ante la justicia.

Coordinador de Programa de las Américas.Comité para la Protección de los Periodistas (Committee to Protect Journalistas CPJ).

 
[Carta del Centro de Estudios Fronterizos
y de Promoción de los Derechos Humanos]

Lic. Tomas Yarrington Ruvalcaba.

Gobernador del Estado.

Por este conducto, elevamos nuestra más enérgica protesta por el artero asesinato de Roberto Javier Mora García, director editorial del periódico El Mañana de Nuevo Laredo.

Nos preocupa la pasividad de las autoridades de nuestro estado para detener la ola de violencia que ensombrece una vez más a nuestra entidad, en donde en Nuevo Laredo se cobra la vida número 16 en la ciudad y 35 en la frontera de Tamaulipas en lo que va del presente año.

Pero, estamos seguros, no se trata de un crimen más.

Tenemos la certeza de que a pesar de que se trata de disimular el asesinato que afecta a libertad de expresión como un simple robo para atracar, sus verdugos sabían bien de quién se trataba, pues las evidencias en el lugar del homicidio así lo señalan.

A Roberto Javier Mora García lo estaban “cazando”. Lo esperaban en el sitio donde vive, no le dieron ni siquiera tiempo de descender de su vehículo, no le robaron nada, localizando además la policía, tres ganchos de metal estirados y habilitados como varillas, uno a la entrada de la casa, otro más en un bote de basura y el tercero a escasos metros de la camioneta que tripulaba.

Es importante recordar que el periódico se ha distinguido por su pluralidad y su línea editorial, por lo que no resulta hasta el momento creíble la versión que comienza a esbozarse de que se trata de un simple atraco.

Insistimos que al director editorial de El Mañana, lo esperaban sus verdugos, y exigimos que se investigue, se llegue a fondo en este caso, y termine el clima de impunidad e inseguridad que hoy vivimos los tamaulipecos.

Atentamente

Arturo Solís, Presidente del Centro de Estudios Fronterizos y de Promoción de los Derechos Humanos, A.C.

 

[Comunicado de Periodistas Frente ala Corrupción]

El 19 de marzo de 2004 fue asesinado en Nuevo Laredo el director editorial del periódico El Mañana, Roberto Javier Mora García. El asesinato ocurrió en horas de la madrugada, cuando Mora García entraba a su residencia, luego de regresar de su trabajo. El cuerpo presentaba una veintena de puñaladas y fue encontrado por los oficiales Bernardino Cruz Catarina y Guadalupe Herver, de la Policía Municipal.

Nacido en Saltillo, Coahuila, Roberto Javier Mora realizó sus estudios de comunicaciones en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Comenzó su carrera de periodismo en el diario El Norte de Monterrey, posteriormente trabajó como directivo en los grupos editoriales Reforma y Milenio. Durante los últimos cuatro años ocupó el cargo de director editorial del periódico El Mañana, que circula en Nuevo Laredo, al norte de México. También era redactor jefe del semanario económico local North México Business.

Mora García se había destacado por publicar varios artículos sobre las actividades del cartel del Golfo, una organización de traficantes de droga de la región. Las autoridades no descartan la posibilidad de que el asesinato esté vinculado a sus actividades periodísticas, aunque admiten no poder asegurar hasta el momento cuáles fueron los móviles del crimen. En la escena del crimen se encontró un radio, la cartera del comunicador, tarjetas de crédito y papeles de identificación personal. De las investigaciones se hizo cargo la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE).

Periodistas Frente a la Corrupción (PFC) se sumó a las protestas por el asesinato del periodista. En una carta dirigida a Procurador de Justicia de Tamaulipas, Francisco Cayuela, PFC expresó “indignación por el cruel asesinato de Mora García” y demando de las autoridades una diligente investigación para “establecer los móviles del crimen y llevar ante la justicia a los responsables materiales e intelectuales del hecho”. “El asesinato de periodistas inhibe gravemente el ejercicio de la prensa y la crítica política”, señaló PFC al expresar su demanda para que “este crimen no quede en la impunidad”.

REFERENCIAS

La carta enviada por PFC al procurador Cayuela, se encuentran en:

http://portal-pfc.org/comunicados/2004/015.pdf

Reportajes y otra información relacionada al caso, se encuentran en:

http://portal-pfc.org/perseguidos/2004/027.html


Reporteros sin Fronteras pide establecer si el crimen
tiene relación con la actividad periodística de Roberto Mora

En un comunicado de prensa, fechado este 19 de marzo, la organización Reporteros sin Fronteras, con sede en París, Francia, pide una investigación que establezca “si el crimen guarda relación con las actividades periodísticas de la víctima”, pues Roberto Javier Mora García “publicó varios artículos sobre las actividades del Cartel del Golfo, una organización de traficantes de droga de la región”.

[Comunicado de Reporteros sin Fronteras]

Reporteros sin Fronteras ha expresado su enorme preocupación por la muerte de Roberto Javier Mora García, director editorial del periódico El Mañana, asesinado el 19 de marzo en la ciudad de Nuevo Laredo (fronteriza con Estados Unidos). Según los primeros elementos, los móviles del asesinato pemanecen turbios. La organización ha pedido la apertura de una investigación para determinar la identidad de los asesinos, y para establecer si el crimen guarda relación con las actividades periodísticas de la víctima.

“No se puede descartar ninguna pista. La frontera entre México y Estados Unidos, zona de diversos tráficos, es una región considerada peligrosa para los profesionales de la información, que efectúan investigaciones delicadas", ha subrayado Reporteros sin Fronteras. El último caso de periodista asesinado en el Estado de Tamaulipas fue registrado en 2002.

El 19 de marzo de 2004, fue asesinado delante de su domicilio Roberto Javier Mora García, director editorial del periódico El Mañana, difundido en Nuevo Laredo (Estado de Tamaulipas, Noreste), y redactor jefe del semanario económico local North México Business. Según los investigadores, le habrían matado hacia las 2 de la mañana, cuando regresaba del periódico. Su cuerpo apareció a una quincena de metros del vehículo, que estaba con la puerta abierta y las llaves en el contacto. Tenía una veintena de cuchilladas. La policía ha descartado la hipótesis de un robo porque en el cuerpo de la víctima se encontró su cartera.

Roberto Javier Mora García publicó varios artículos sobre las actividades del Cartel del Golfo, una organización de traficantes de droga de la región. Heriberto Cantú, editor de El Mañana, ha declarado a la agencia Associated Press (AP) que la policía no cree que ese cartel haya podido cometer el crimen. “No podemos descartar la posibilidad de que el crimen tenga que ver con el periodismo, o con algún asunto personal”, declaró sin embargo Heriberto Cantú.

En un artículo publicado en su sitio de Internet, El Mañana atribuye el crimen “al clima de violencia e inseguridad que se ha asentado en Nuevo Laredo”. El diario subraya que el periodista es la víctima número 16 del año en la ciudad, y lamenta que su investigación se ponga en manos de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) de Tamaulipas, y no de la Procuraduría General de la República (PGR), con sede en México. Esta habría explicado que no es competente, “al tratarse de un crimen menor”. El Mañana destaca que su director editorial “fue un periodista íntegro, ético, extraordinariamente disciplinado con su trabajo”.

El anterior periodista que mataron en el Estado de Tamaulipas fue Félix Alonso Fernández García, director del semanario Nueva Opción. Le abatieron a balazos el 18 de enero de 2002, en la ciudad de Miguel Alemán, después de que denunciara las supuestas relaciones entre el ex alcalde de la ciudad y unos narcotraficantes. Sin embargo, algunas fuentes indican que los artículos del periodista no trataban problemas sensibles, y que le habían encontrado una dosis de cocaína en su cuerpo sin vida.

El sitio de Reporteros sin Fronteras es www.rsf.org

 

 

Con Roberto Mora, todos morimos un poquito
Por Alfredo Nava
(Publicado en Milenio Monterrey, el sábado 20 de marzo de 2004)

El gremio periodístico de Monterrey y de México está de luto. El joven comunicador Roberto Javier Mora García fue asesinado la madrugada del viernes.

El asesinato del periodista Roberto Javier Mora García estremeció al gremio periodístico mexicano, que condena y exige justicia ante el cruel desenlace del reportero investigador, que fue asesinado de manera cobarde y cruel.

Amigos tenía muchos, y su intachable trayectoria indicaba que enemigos ninguno.

A su paso por diversas redacciones de los medios de comunicación (periódicos, estaciones de radio y canales de televisión) siempre dejó huella como incansable comunicador que siempre buscó la noticia y, paradójicamente, acabó siendo noticia, una muy lamentable.

Algunas personas del gremio periodístico que tuvieron lazos de gran amistad, comentaron que este asesinato lastima al periodismo de México y, aún sin digerir la noticia, ofrecen alunas palabras sobre Roberto:

“Estamos muy impactados en la mañana cuando se dio el avance de la noticia de que había sido asesinado el director editorial del periódico El Mañana, no dijeron el nombre de Roberto Mora, y te juro que cruzaba los dedos para que fuera otra persona”, comentó Juan Francisco Salazar Leal, actual director de información en el IMSS.

Y puntualizó que Mora “era pulcro, íntegro, su único vicio era el trabajo y va mi pésame para su familia y nos tiene consternados a todos los periodistas y a todos los que lo conocimos”.

Por su parte, Francisco Cobos Cardona, actual gerente de noticias de Televisa Monterrey, se mostró sorprendido por la repentina muerte de Roberto Mora, “nunca nos imaginamos que tuviera una muerte así, era una persona tranquila, sana, honesta y comprometido con su trabajo, y hay muchas probabilidades de que lo hayan asesinado por desarrollar su trabajo sin censuras. Ejercer la libertad de expresión, como lo hacemos en Nuevo León, es peligroso en una ciudad como Nuevo Laredo, pues en esa ciudad fronteriza no hay garantías para los periodistas”.

Mientras que Walter Juárez Arquieta, director del periódico La Opinión Milenio, de Torreón, fue compañero de Mora en diversos periódicos como El Norte y El Diario de Monterrey, (hoy MILENIO Diario) lamentó el homicidio del periodista y señaló: “lo mataron por hacer el trabajo como se debe de hacer, un periodismo libre. Le tocó trabajar en frontera y eso es muy difícil sobre todo cuando se trabaja con valentía”.

“Sigo sin aceptarlo y sin entenderlo, todos conocimos a Roberto como persona de bien, intachable y esto es inconcebible", señaló Horacio Salazar periodista regiomontano, quien dijo confiar en que todo se aclare y que los autores del homicidio sean detenidos, pues considera que "cuando pasa algo de esto, todos morimos un poquito”.

Otro de los amigos cercanos es Héctor Hugo Jiménez, director de Hora Cero, revista de la frontera, quien comentó: “Por mi culpa él se fue a Nuevo Laredo, me encargaron hace cuatro años que buscara un director editorial para El Mañana y encontré en Roberto Mora el perfil de la persona que buscaban.

“En la mañana que supe de esto, la verdad sentí un peso más aparte del dolor mismo de haber sido compañeros; Roberto, pese a su temperamento, fue un excelente periodista, muy visual, muy plural, no hay que satanizar las fronteras, yo trabajo en Reynosa y no ha sucedido nada”, concluyó.

Miguel Ángel Vargas Arreozola, director de MILENIO Diario de Monterrey, dijo que el brutal asesinato “es un atentado contra el periodismo de Nuevo León y Tamaulipas, donde Roberto lo ejerció de manera profesional, y pido que las autoridades de Tamaulipas actúen a fondo; este asesinato, se piensa, puede ser producto de su desempeño profesional y no de otra circunstancia como otros lo quieren hacer creer, era muy honesto y seguramente pisó algunos callos y por eso, alguien cobardemente decidió quitarle la vida”, advirtió.

“No debe quedar impune el crimen, y las futuras generaciones de periodistas deben de tomar a Roberto Mora como todo un ejemplo a seguir”, concluyó.

Anoche, el cuerpo de Roberto Mora llegó alrededor de las 22:00 horas a las Capillas Del Carmen, donde fue velado dos horas y acompañado por sus colegas de Monterrey.

Todos los que le conocieron, todos sus amigos de Monterrey estaban ahí, olvidándose de competir por la noticia, solidarios ante el dolor por el compañero que partió.

A Roberto le sobreviven su esposa Araceli Carrillo y su pequeño hijo Sebastián.

Descanse en paz.
 

Sobre Roberto Mora García

  • Licenciado de Ciencias de la Comunicación por el ITESM; fue alumno de excelencia de la generación que egresó en 1983.
     

  • Se desempeñó en el ámbito periodístico en:
     

  • El periódico El Norte como editor de Deportes y Cultura.
     

  • En Televisa Monterrey, Canal 2, como reportero.
     

  • En El Diario de Monterrey, como jefe de información; jefe de la oficina de corresponsales de la ciudad de México y director editorial.
     

  • En el periódico El Asesor, como editor.
     

  • En el periódico BIZNEWS, como editor.
     

  • Actualmente se desempeñaba como director editorial de El Mañana, periódico de Nuevo Laredo; y también editaba BIZNEWS North Mexico, semanario de corte financiero.


Sobre El Mañana

El Mañana pertenece a la familia Deándar y su presidente fundador es Heriberto Deándar Amador. El diario se fundó en 1932, surgió de su antecesor Verbo Libre, que a su vez nació en 1924.

“La misión de El Mañana –según el propio periódico– se basa en informar con verdad, ética y de manera útil y responsable a la sociedad mediante una línea plural y promotora de la libertad de expresión. En su nombre el periódico ha encontrado una razón primordial para continuar su desarrollo y acuñar su futuro, pues además de su tarea como promotor de la libertad de expresión, busca establecer un liderazgo en el mercado regional al compartir los retos de crecimiento de sus clientes a través de sus servicios y herramientas publicitarias que ofrezcan resultados efectivos”.

Actualmente, la Presidenta del Consejo de El Mañana es Ninfa Deándar Martínez, el Director General es Heriberto Cantú Deándar, el Director Ejecutivo es Ramón Cantú Deándar, y la Directora Adjunta, Ninfa Cantú Deándar.

El Mañana y La Tarde, de propiedad de la familia Deándar, acaparan el 80 por ciento de los lectores de Nuevo Laredo, por encima de otros periódicos locales como El Diario, Última Hora, El Norte y El Correo.

El Mañana tiene una circulación promedio diaria pagada de 16 mil 473 ejemplares entre semana y 20 mil 957 en domingo, de acuerdo con una auditoría de PricewaterhouseCoopers, citada por el periódico.

La Tarde tiene una circulación promedio diaria pagada de 10 mil 517 ejemplares, según la misma auditoría de PricewaterhouseCoopers.
 

Fox instruye a la PGR coadyuvar en la investigación

El Presidente Vicente Fox instruyó a las autoridades federales para coadyuvar con las instancias locales “y se brinden todos los apoyos necesarios para llevar ante la justicia a los autores del asesinato” de Roberto Mora García.

Previamente, Alfonso Durazo, secretario particular de Fox, habló con la señora Deándar Martínez para manifestarle que el Presidente estaba “muy indignado por los hechos y me dio instrucciones para que le que reiterara toda la solidaridad de las instituciones del gobierno federal”, de acuerdo con una nota de El Mañana publicada este martes 23 de marzo.

 

Carta del Presidente Vicente Fox a la señora Ninfa Deándar

(Sello de la Presidencia de la República)

22 de Marzo de 2004

Señora
NINFA MARIA DEANDAR MARTINEZ
directora General del Periódico
El Mañana de Nuevo Laredo
Presente

Apreciable señora Deándar:

Recibí con tristeza e indignación la noticia del artero crimen que segó la vida de don Roberto Javier Mora García, director editorial de El Mañana de Nuevo Laredo.

Acepte usted mi sincera condolencia que le pido haga extensiva a todo el personal de su importante periódico.

Mi gobierno está comprometido sin restricciones a defender el derecho a la libertad de expresión y no permitirá que intereses obscuros empañen y amedrenten el libre ejercicio periodístico.

He dado instrucciones a las autoridades federales correspondientes para coadyuvar con las instancias locales en la investigaciones del caso y se brinden todos los apoyos necesarios para llevar ante la justicia a los autores del asesinato.

Atentamente

VICENTE FOX QUESADA
Presidente de los Estados
Unidos Mexicanos

www.almargen.com.mx/medios/2004/03/mora.htm

Dan prioridad a asesinato de periodista

Asegura Procurador de Tamaulipas que no escatimarán recursos para aclarar homicidio de director de El Mañana

Por Efraín Klérigan, Martha Cázares y René Gardner
El Norte
21 de Marzo de 2004

EL NORTE / Tamaulipas
 
CIUDAD VICTORIA.- El Procurador Francisco Cayuela aseguró que se tratarán las investigaciones del homicidio del periodista regiomontano Roberto Javier Mora García como un caso prioritario debido al impacto que ha tenido entre la opinión pública.

"Vamos a ampliar la investigación todo lo que sea necesario y no vamos a escatimar ni recursos humanos ni recursos legales para esclarecer lo más pronto posible este caso", dijo. "No vamos a presentar conclusiones a los medios hasta que tengamos todo bien amarrado".

Cayuela dijo que un presunto sospechoso, un ex policía perturbado mentalmente que ronda por la zona en donde fue asesinado el periodista regiomontano, resultó ser inocente.

"Ronda por las noches por esa zona, y como tenía la camisa con manchas de sangre se hicieron las pruebas de AND para compararlas con las de la víctima, pero salieron negativas", aseguró.

Desde el viernes, agregó Cayuela, se nombró al Primer Subprocurador, Guadalupe González Galván, como fiscal especial para este caso, mientras que el grupo de especialistas en homicidios es encabezado por el mismo director de la Policía Ministerial, José Guadalupe Castillo.

Mora García, de 44 años, quien desde hace unos cuatro años se desempeñaba como Director Editorial del diario El Mañana, fue asesinado de 26 puñaladas por la espalda la madrugada del 19 de marzo, cuando llegaba a su casa ubicada en Guanajuato 3890, en Nuevo Laredo.

El Procurador dijo que las tres líneas de investigación más probables son la posibilidad de que fuera atacado por un ladrón, de que se tratara de una venganza laboral por motivo de su cargo dentro del periódico, y de que se trate de una venganza personal.

En Nuevo Laredo, el director de la Ministerial, dijo que esperan que se fortalezca alguna de las líneas de investigación.

"No se ha encontrado un solo testigo ocular del crimen", agregó Castillo.

Dijo que en el caso colaboran cuatro agentes especiales procedentes de Ciudad Victoria.

 
Reabren caso de Félix Miranda
 
 
En Baja California, luego de que la Sociedad Interamericana de Prensa y el Gobierno Mexicano firmaron la semana pasada un acuerdo para esclarecer los asesinatos de dos periodistas mexicanos, ayer el Gobierno de esta entidad se integró a la mesa especial para revisar el caso de Héctor Félix Miranda, registrado en 1988 en esta ciudad.

La Procuraduría estatal informó que los expedientes del caso serán revisados por un grupo especial que encabeza Patricia Olamendi, subsecretaria para Temas Globales de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y Francisco Castro Trenti, director de Servicios Periciales y coordinador de la Unidad Orgánica Contra Homicidios de la Procuraduría en Baja California, Jack Fuller, presidente de la SIP; Alberto Ibarguen, presidente de la Comisión Contra la Impunidad, así como Roberto Rock y Ricardo Trotti, integrantes de la SIP.

Pero la reapertura del caso generó reacciones por parte del PRI, ante lo que pudiera ser una estrategia del Gobierno por revivir el caso, pues cuando se cometió el crimen se vinculó al empresario Jorge Hank Rhon, actual candidato del PRI a la Alcaldía de Tijuana, luego de que sus guardaespaldas Antonio Vera Palestina, Victoriano Medina y Emidgio Nevárez fueran señalados como los responsables.


 

 

 

 

 

 

La Crisis www.lacrisis.com.mx/loret260304.htm
Desafío

*Frontera olvidada
*Asesinato “clave”


Por Rafael Loret de Mola

A la memoria del colega Roberto Mora García

Debo confesarles, amables lectores, que me tomé un tiempo para meditar este artículo desde que por la mañana del viernes pasado, 19 de marzo, me avisaron del artero asesinato de Roberto Mora García, director de uno de los diarios entrañables del norte de México, El Mañana, de Nuevo Laredo, resistente frente a la cooptación inmoral de no pocos emisarios del mal gobierno a través de varias décadas de ejemplar lucha periodística.
Me dolió hondamente, por lo que el homicidio puede significar, bajo un clima enrarecido por la impunidad, la impudicia política y la barbarie como deleznables evidencias que nos hacen volver 10 años hacia atrás cuando, por efecto de la sucesión presidencial, nos encontramos suspendidos en el escenario de Lomas Taurinas ante un crimen infecundo, salvo para los perversos, y la convicción de que la vida política, a partir de entonces, estaría marcada, como lo ha estado, por los intereses multinacionales amafiados.
Lo mismo ahora. Si en Oaxaca el gobernador José Murat insiste en que quisieron matarlo sus adversarios políticos, señalando veladamente a los opositores al caciquismo priísta como presuntos responsables, en Nuevo Laredo, convertida la franja fronteriza en tierra de narcos, de vendettas y de complicidades políticas de altos decibeles –no por algo están tan unidos los ex mandatarios tamaulipecos, sobre todo Manuel Cavazos Lerma, con el actual gobernador Tomás Yarrington Ruvalcaba–, la nueva escalada violenta contra los informadores tiene una perspectiva similar: amedrentar a la opinión pública para vender la estrategia de los “votos del miedo”, igual que en 1994, destinados a la reválida del continuismo.
El miedo ganó los comicios federales hace una década bajo la férula del salinismo intransigente y desbordado y sobre la sangre política derramada en uno de los barrios tijuanenses más cercanos a la frontera con Estados Unidos. De allí el absurdo, todavía no analizado a profundidad, de que el candidato más anodino del viejo priísmo, Ernesto Zedillo, y el que menos tiempo tuvo para promoverse –apenas cinco meses desde su precipitada postulación–, sea hasta hoy, incluso sobre el fenómeno foxista, el mexicano más votado de la historia: obtuvo 17 millones de sufragios, sin grandes impugnaciones de por medio.
El miedo, sí, que aletarga y prolonga, por la inercia general, el estado de cosas. En 1994 los grandes cómplices ganaron tiempo, con el asesinato de Colosio, para reacomodarse dentro de la estructura de una alternancia sin cambio, sin sustento, sin otro futuro que la propia continuidad con distinto color. Es doloroso sostenerlo, pero necesario a la vista de la parálisis general y la ausencia de resultados.
Hoy, de nueva cuenta, el clima está enrarecido. Tanto que, como señalamos desde hace meses, en distintas regiones del país se observa la aguda descomposición política y social. También en la frontera del norte, con algunas ciudades, como Nuevo Laredo y Reynosa, pautas del desarrollo tamaulipeco en buena medida, sitiadas bajo el imperio de los mafiosos y el recrudecimiento de las venganzas sostenidas a vista y paciencia de las autoridades cooptadas.

Debate

A Mora García, como al director general del cotidiano citado, Heriberto Cantú Deándar, heredero de una noble estirpe periodística que conmueve por su entereza y su firme determinación de no cesar en su labor aunque se cosechen riesgos inmensos, le llovieron amenazas anónimas y advertencias concretas. La información estorba cuando los reacomodos entre mafiosos se dan a plenitud, sin discreción alguna, en ausencia de gobierno. Mucho más, claro, cuando se ejerce la crítica como necesario contrapeso democrático.
Mora cumplió con su deber y murió por ello, apuñalado, al estilo de los ejecutores antiguos con redoblada saña, como si con ello quisieran extender las amenazas y desarrollar el miedo profundo, ahora que se inicia la puja por la sucesión gubernamental en Tamaulipas en un ámbito de oscuras negociaciones subterráneas dispuestas para garantizar la prolongación de las alianzas inconfesables. Se dice que la mafia multinacional tiene que dar su visto bueno. Y el sello, por tanto, es la barbarie.
Los periodistas, agobiados por la ausencia de solidaridad gremial y por la constante a desdeñar cuanto ocurre en territorio ajeno bajo el peso del corporativismo empresarial, sólo tenemos como armas la denuncia pública y, a veces, la buena memoria. Lo demás es mito que extienden los afectados por la crítica, sustento, repito, de una sociedad pensante y por ello menos susceptible de ser manipulada por los grandes operadores políticos.
Con esta idea, estoy seguro, las semillas que brotan de las tumbas en donde se atesora el silencio de los periodistas asesinados, germinarán largamente, con la fuerza del espíritu indoblegable, y el aval de todos cuantos aman la libertad y no se dejan dominar por los temores.

El Reto

Casi siempre, y ésta es una constante amarga que dibuja el pobre nivel de la vida pública en México, los periodistas estamos de luto. Como si las resistencias tuvieran más altos decibeles que el clamor por el cambio y el llamado a no transigir contra la corrupción y la barbarie. Y vamos acumulando penas porque también los intereses empresariales, de unos cotidianos contra otros, de los llamados nacionales concentrados en la capital del país frente a los diarios con raigambre a lo largo de la geografía patria, aíslan los casos y desdeñan los sacrificios que no les son propios.
Por eso es necesario alzar la voz, las voces. Porque no debe dejarse pasar la afrenta de la violencia injustificable, ruin, siempre perversa. Con la muerte de Mora no sólo se detuvo y silenció definitivamente a un colega respetable, sino se mató un poco a cada periodista mexicano que fundamenta su tarea en el imperativo de señalar cuanto debe dejarse atrás y ser derribado para construir el andamiaje del nuevo México que apenas se está gestando.
Vaya para El Mañana, para Heriberto y nuestra querida Nifa Deándar, para los suyos, ejemplos todos de carácter y amor a las raíces, a doña Ninfa Martínez, quien vive y permanece en medio del estruendo de las rotativas, más que nuestra solidaridad: la seguridad de que no están solos porque las conciencias de bien están unidas en la lucha sin cuartel por la libertad.

La Anécdota

Las ciudades fronterizas están sitiadas. El drama de las mujeres de Ciudad Juárez bajo la vergüenza de la impunidad, las vendettas en Reynosa y Nuevo Laredo, la extensión de los carteles y mafias, sólo pueden explicarse a la sombra de una honda concatenación de intereses soterrados, oscuros, ligados entre sí.
–¿Cuándo comenzó la nueva escalada? –pregunto a un colega de Reynosa.
–Quizá el 5 de febrero de 2003, cuando el célebre comandante Guillermo González Calderoni fue asesinado en MacAllen. Lo que él sabía dio paso a su ejecución y ésta al ajuste de cuentas que todavía no termina.
Otra vez, las sombras de la política infectada; otra vez, el peso de la impunidad.

rloret@hotmail.com

 

 

LA IMPUNIDAD DE YARRINGTON

 Por Sanjuana Martínez*

 Roberto Mora, un hombre de bien, un gran ser humano que hacía su trabajo de manera rigurosa como director editorial del periódico “El Mañana” fue asesinado vilmente la madrugada del viernes 19 de marzo a las puertas de su casa.

El homicida, quien probablemente no sea el autor intelectual de tan horrendo crimen, se ensañó con él, le atestó 26 puñaladas. Seguramente murió en el acto, aunque no lo sabemos porque el cadáver permaneció tirado en la calle Guanajuato, entre Donato Guerra y César López de Lara, hasta que a las 2:10 horas, alguien lo reportó al servicio de emergencias del 066.

Intento imaginar el escenario: el forcejeo, el instinto de supervivencia, la angustia de ver pasar en tan solo unos instantes la película de tu vida, la desesperación de saber que vas a morir, el dolor físico, la impotencia de ver frente a frente al sicario de los poderosos, quien finalmente consigue arrancarte la vida.   

Roberto vivía con la amenaza de muerte. En Tamaulipas, todo reportero que se atreve --como él lo hizo--- a investigar las conexiones del narcotráfico con la política, es un “muerto en vida”. Vive de prestado, porque su sentencia es conocida. Solo se ignora la fecha en que será ejecutada. La impunidad que impera en ese Estado así lo permite.

El atentado contra Roberto duele particularmente a sus amigos y a la comunidad periodística de México. Quienes tuvimos el privilegio de trabajar a su lado y contar con su amistad, conocíamos sus virtudes: buen profesional, incorruptible, serio, culto, aguerrido, incisivo, comprometido con la verdad, incansable en la investigación, intachable, peleón frente a la injusticia, transparente: “Somos amigos sin ambages”, recuerdo que me decía. Era su manera de darse a los demás.

La noticia ha dado la vuelta al mundo. No es un simple asesinato “de orden común” como ha dicho el procurador del Estado, Francisco Cayuela, es un atentado contra la libertad de expresión; un crimen contra todos los que nos dedicamos a investigar y denunciar la mafia del narcotráfico que en ocasiones llega a pudrir las instituciones públicas, como se ha demostrado, ocurre en el tristemente célebre Estado de Tamaulipas.

Para sorpresa de todos, el procurador Cayuela resolvió el asesinato en unas horas: “No es un crimen vinculado con la delincuencia organizada”. ¿Cómo puede estar tan seguro  señor Cayuela?

Usted incluso se atreve a decir que harán “votos de confianza” para esclarecer el crimen. ¿Qué significa “votos de confianza?” El trabajo de las autoridades judiciales es hacer justicia, no “intentar” hacerla. La tutela a las víctimas --- en este caso a la esposa e hijo de Roberto---  tiene que ser inmediata, no por la vía de “la esperanza”, sino a través de los mecanismos que ofrece un verdadero Estado de derecho. 

El Señor procurador se cura en salud previendo el futuro y advierte: “Hay crímenes que se nos complican, que tardan en esclarecerse; hay otros que no se pueden esclarecer porque los responsables se evaden de la acción de la justicia, o bien son quitados de en medio para romper la línea de investigación, que no creo que sea este caso”. ¿?

Traducción. Nuevamente la impunidad podría ser el resultado de las supuestas investigaciones de las autoridades policiales. ¿Quién puede descartar  que la conexión entre los policías de Tamaulipas con el narcotráfico esta detrás del crimen de Roberto? ¿Quién puede descartar la conexión narcotráfico y política?  

Posiblemente esas son las líneas de investigación que no se han analizado en los 9 asesinatos de periodistas cometidos en Tamaulipas, aún sin resolver; los últimos cuatro durante el presente sexenio. En muchos casos el narcotráfico ha llegado a invadir las esferas del poder político en México. Son innumerables los ejemplos.

Por tanto, señor gobernador Tomás Yarrington: no intente disimular haciendo como que este crimen es uno más, algo que a usted no le incumbe, un delito alejado de su silla, un homicidio de “orden común”.

Para vergüenza de Tamaulipas, el asesinato impune de periodistas ha llegado a ser siniestramente común. Y esto le mancha señor Yarrington. Afronte la situación, se juega usted la credibilidad de sus instituciones (si es que aún le importa). El asunto es tan grave que ya debería usted haber convocado a los medios de comunicación para ofrecerles su compromiso de “llegar hasta las últimas consecuencias” en el esclarecimiento de este crimen.

Guarde, al menos, las formas.

Los asesinatos de periodistas sin resolver, señor Yarrington, hablan muy mal de su gestión. Sobre todo porque la impunidad es una sombra que nadie le quitará hasta que descubra a los culpables del homicidio de Roberto Mora. La memoria histórica cae sobre usted, lo quiera o no; y será recordado como el Gobernador que no quiso o no pudo hacer justicia.

A la violación del derecho a la vida de la victima, en Tamaulipas le sigue la violación del derecho a la justicia de sus familiares. El primero es responsabilidad de los verdugos, pero el segundo, tan o mas grave que el otro, porque propicia la reiteración de los crímenes, no lo es. El segundo es responsabilidad exclusivamente de las autoridades.

El crimen organizado que impera en su Estado señor Yarrington, es una amplia mafia que intenta contaminar todo. “El Mañana” ha demostrado que sus investigaciones sobre el narcotráfico siempre le llevan a la misma pista: los políticos. Díganos con acciones concretas, que usted esta al margen de todo esto. No gobierne con el terror en la mano.   

Los asesinatos a periodistas son execrables. Crímenes que nos atañen a la comunidad periodística del mundo. Homicidios que no quedarán en el anonimato, que nosotros nos encargaremos de denunciar permanentemente. ¿Creen que matando periodistas nos callarán? Se equivocan.

En situaciones extremas, en territorios sin ley, donde el crimen organizado sustituye al Estado y corrompe e infiltra sus instituciones, los ciudadanos no pueden esperar respuesta de las autoridades. Nada ni nadie se interpone entre ellos y los criminales. Por eso los periodistas, la voz de la sociedad civil, tenemos que hacer el trabajo de denuncia que no hacen los jueces, los ministerios públicos o sus policías.

En Tamaulipas, Señor Gobernador, no matan a los periodistas por hacer su trabajo. Los matan, Señor, porque usted no hace el suyo.

El crimen de Roberto Mora ya ha sido denunciado ante organismos internacionales: Reporteros Sin Fronteras con sede en París, Comisión de Derechos Humanos y Comité contra la Tortura, ambos de la ONU, con oficina en Ginebra, Comisión Nacional de Derechos Humanos en México,  Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Amnistía Internacional, Human Rights Watch…

Se equivocan los asesinos cuando creen que podrán tapar el sol con un dedo. La muerte de Roberto es un vano intento, otro mas, en una ya demasiado larga cadena, de imponer a sangre y fuego la “omertá”, la celebre y trágica ley del silencio de la mafia, en un Estado, Tamaulipas, convertido hoy en una frontera sin ley.

No podrán conseguirlo Señor Gobernador. Los periodistas no somos dueños de la verdad, solo somos sus servidores. Solo somos notarios de la vida, damos fe de lo que ocurre, lo contamos. Algún criminal ingenuo ha creído que matando al mensajero eliminaba el mensaje. Se equivoca.

Han querido esconder la verdad, pero la verdad se les escapa como el agua en un cesto. No somos los periodistas, sino todos los ciudadanos, los titulares últimos del derecho a la información, Y ellos ya saben, Sr. Gobernador, de quien es la responsabilidad última de estos crímenes: de Usted. Solo usted puede cortar esta cadena de impunidad que propicia la reiteración de los crímenes.

Tamaulipas se ha convertido en territorio de alto riesgo para los periodistas. Pero no se olvide señor Yarrington que somos una comunidad. Que con el asesinato de Roberto no se elimina “un problema” se multiplica. A partir de ahora: “Todos somos Roberto Mora”.

Recuerde, Sr. Gobernador: están los verdugos y las autoridades. A veces, los verdugos son las autoridades, valga la redundancia.

 *Sanjuana Martínez, es periodista de la revista “PROCESO”


 

 

El juego de Yarrington

Por LUCIANO CAMPOS GARZA
22 de Marzo, 2004

La muerte de Roberto Mora tiene, desafortunadamente, más repercusión en el medio periodístico que en los ámbitos de la justicia en Tamaulipas.
El periodista saltillense, avecindado en Monterrey y radicado en Nuevo Laredo, pereció asesinado la madrugada del 19 de marzo de este año, cuando llegaba a su domicilio.
Y mientras los informadores de México y de asociaciones internacionales de prensa piden justicia y esclarecimiento de los hechos, el gobernador tamaulipeco Tomás Yarrington Ruvalcaba guarda silencio y se escabulle, en otra más de sus abyectas triquiñuelas que tan bien sabe utilizar para no exponerse al reclamo general que, seguramente, él supone que es golpeteo político.
No importa que hayan asesinado al director del periódico El Mañana de Nuevo Laredo, ni que en Tamaulipas sigan cometiéndose homicidios y ejecuciones patrocinadas por el crimen (des)organizado. Yarrington se muestra cauteloso y se retira mejor de la escena pública. No vayan a alcanzarlo los dardos envenenados de los editorialistas que se han expresado, justamente indignados, por la muerte del compañero.
Pareciera que Tomás, en lugar de gobernar, por estos días se la ha pasado mirándose en el espejo, cruzándose una banda de utilería en el pecho y mencionando frente a su propia imagen: “... o que la nación me lo demande”. Embebido en sus sueños presidenciales, evidencia estar más preocupado por arrimarse a la dirigencia nacional del PRI para estar presente cuando empiecen a sonar los presidenciables.
Yarrington, un político nacido del útero descompuesto del partido tricolor, hijo de Manuel Cavazos Lerma -otro sátrapa que creció enamorado de sus propios discursos y dilapidó el erario, hasta quedar apestado en Tamaulipas y en la ruina política- siente que puede ser llamado a dirigir al país, cuando no puede siquiera gobernar un estado como Tamaulipas, referente nacional del narcotráfico.
Rebasado por los propios problemas de seguridad pública en la entidad, y más ahora, con la opinión pública encendida por el crimen de Mora, Yarrington se esconde, ladino, hasta esperar que se enfríe el caso. Ya después, cuando la indignación se convierta en resignación, regresará lentamente y dará algunas declaraciones.
Entonces, como ha ocurrido con anterioridad, ante reclamo de periodistas y ciudadanos que le piden explicación por los problemas locales, Tomás Yarrington, desde su olimpo personal, declarará que la Procuraduría de Tamaulipas se esforzará por hacer que la justicia prevalezca. Y con ese irritante tono de priísta en campaña, utilizará, como lo ha hecho a lo largo de estos años como politicastro al servicio de sí mismo y de los intereses del partidazo, todo su catálogo de lugares comunes para responder sin decir nada.
Francisco Cayuela, el procurador estatal, va a ser el encargado de recibir las acusaciones y aguantar, porque, como lacayo conocedor del juego de la política rastrera que dicta su jefe, sabrá que le toca a él, como subordinado, ser el escudo y absorber la oleada de reproches hacia la inútil administración estatal.
Pero, como tristemente se ha demostrado, Cayuela no va a mover ni un dedo, ni empleará ni un minuto más de su tiempo burocrático a hacer que se esclarezca el crimen de Roberto Mora. Algún día probablemente se sepa quién fue, pero no será ni por la sagacidad de Cayuela, que ha demostrado una lastimera cuadriplegia para la acción, ni por sus dotes de investigador, que no los tiene. Como suele ocurrir en Tamaulipas, si hay un resultado es porque la mafia decidió entregar al culpable, no porque los inútiles sabuesos de la Ministerial hayan hecho su trabajo.
Con Roberto Mora se fue uno de los mejores elementos del periodismo en el norte del país. Y mientras hay duelo en el medio y familias enteras destruidas por la tragedia, Yarrington va a seguir en sus giras por el país, como invitado a convenciones y foros para exponer su logomaquia politiquera, embelesado con su propia voz de orador de concurso. Y seguirá formándose, a través de sus cabilderos y séquito de aduladores, una imagen de estadista. Sonriente y untuoso buscará alianzas con comunicadores nacionales, para, llegado su momento, empezar a moverse, con su ya conocida impudicia para disposición de recursos públicos, y buscará que los medios y la población le crean el cuento chino de que es un intelectual y un patriota.
Desde ahorita le digo que yo no le seguiré el juego. Me revienta que Tamaulipas se esté cayendo a pedazos mientras él, contoneándose en coctelitos y eventos culturales, fabrica su propia escalera para trepar en el escalafón del PRI.
Roberto Mora está muerto. Junto al suyo hay centenares de crímenes impunes, mientras Tomás Yarrington Ruvalcaba nos insulta a los periodistas de todo México, olvidándose de combatir a la delincuencia y construyéndose una patética fachada de prócer.
Pero, bueno, para Yarrington el asesinato de un periodista no es tan importante. Un político de su estatura no debe distraerse en nimiedades, si sueña con llegar un día a ser presidente de México.

 

 

Punto y seguido-Luis Aguilar
¿Buenos vecinos?


 Milenio Monterrey 3/23/2004 (02:34)


 

La idea de que es mejor una indiferencia fresca a un vecino metiche o “bien informado acerca de sus vecinos”, ha lacerado terriblemente la idea de sociedad que actualmente habitamos. Tres ejemplos clarísimos: sé que mis vecinos del lado derecho tienen tres hijos, pero no sería capaz de reconocer más que a uno, el más pequeño. Los vecinos de la izquierda tienen dos niñas, pero no sé el nombre de nadie en esa casa. Olvídese usted de los teléfonos. Saben de mi el nombre y, acaso, el coche que manejo. Nada más.

Esta reflexión sobre lo despersonalizado de las relaciones en este mundo globalizado viene a cuento porque el viernes, luego de despedir a Roberto Mora en las Capillas del Carmen –más querido de lo que yo podía imaginarme; y me alegro por Araceli, su mujer–, nos pasamos al célebre Café Brasil, porque ahí uno puede lo mismo celebrar un triunfo de los Tigres; aminorar el hambre aunque sea de fiado; y hasta rumiar penas y soltar el llanto. La mesa parlanchina, con Alma Ramírez, Luis Rodríguez, Elia Martínez, Lupita Elósegui, Lupita Cruz, Moani Compeán y un servidor, intercambió decenas de anécdotas en torno al amigo caído ora sí que en el fragor de la batalla.

Cuando llegamos al momento de las ubicaciones, Moani se sorprendió de que Roberto Mora viviera, desde hace unos ocho años, en la misma colonia que él habita. A unas cuadras de distancia. Lo sorprendente fue el comentario que vino después. Todo está tan despersonalizado, dijo. Y sí, es lamentable la despersonalización de las relaciones; la frialdad con que uno se entera que a la mujer de al lado la golpea el marido; que el niño de la casa de enfrente es abusado violentamente por su padre; la noticia de que la menor de edad de la esquina fue golpeada en las hamburguesas del barrio por una maleante.

Todavía peor es que uno no hace nada. Que es capaz de seguir, casi con desparpajo, su vida ordenada en la medida de lo posible y en el centro del caos ajeno. ¿Y los demás? Uno no debe entrometerse, se ha dicho siempre, ni para bien ni para mal. Hasta que el mal nos alcanza.

Amén de que las preguntas que rondan en la cabeza de Nancy Ibarra, de Héctor Hugo Jiménez, de Norma Garza, de Erick Muñiz, de Agustín Lozano, de Magali Pinal, del propio Moani sean las mismas —¿qué pasó? ¿por qué Roberto?— es necesario que reflexionemos profundamente sobre las implicaciones que tiene, a veces como esta vez, nuestro silencio y nuestra indiferencia, que pueden convertirnos en cómplice de asesinos.

Porque esas declaraciones, precisamente de los vecinos de Roberto en Nuevo Laredo, que dicen no haber oído nada, no son creíbles. Asumo el sueño profundo y pesadísimo de las cuatro o cinco de la mañana, pero las dos de la madrugada no me parece ningún exceso. Más aún: si uno de los vecinos dijo escuchar cuando cayó el bote de la basura, y podemos presumir que nuestro amigo Roberto se encontraba en pleno forcejeo con su o sus asesinos, ¿no escuchó el vecino en cuestión nada más, ni un grito de Roberto que sentía como entraba y salía de su cuerpo la saña de la muerte? Seguramente el vecino, sencillamente, no quiere problemas.

¿Y el vecino que, dicen, se parece mucho a Bobbie y que tiene, además, una camioneta del mismo modelo, año y color? ¿qué fue de él? ¿ningún vecino sabe ya dónde está, por qué desapareció de la noche a la mañana? Quizá lo saben pero, otra vez, gana la mala costumbre de callar todo con tal de evitar un conflicto personal. No importa que maten al vecino, si yo mantengo a salvo mi pellejo, parece ser la consigna.

¿Sabrán quienes se escudan en su seguridad que el periodismo es un trabajo de aporte social y riesgo personal? ¿Sabrán que el periodismo, en un altísimo porcentaje, trabaja por un mundo mejor? ¿Que la democracia electoral que ahora tenemos es producto de este ejercicio valiente de decir la verdad?

Ahora bien, y para no ser injustos, es necesario también que revisemos el papel de la autoridad. Muchos de los vecinos, que quisiéramos ser buenos vecinos, no hablamos porque no hay confianza en quienes investigan y deben hacer prevalecer la justicia por sobre la arbitrariedad y el crimen. Hace falta, entonces, mayor confianza. Que los ciudadanos sepamos a ciencia cierta que podemos denunciar los ilícitos sin el riesgo de que, precisamente quienes deben preocuparse por nuestra seguridad e integridad como testigos, sean quienes nos señalen como aquellos que proporcionaron tal o cual dato. Sin embargo, por el funcionamiento del aparato del Estado poco podemos hacer. Es testarudo como pocas cosas en el mundo.

Pero hagamos un ejercicio: pídale usted el teléfono al vecino; dele el de su trabajo, por si algún día hay una emergencia en casa; reconozca a los hijos de ellos, por si alguna vez los ve en circunstancias difíciles pueda ayudarlos; pregúntele al vecino qué coches es común que estén afuera de su casa. No nos cuesta nada promover un poco más de integración y ganaremos todos en seguridad y confianza; en apoyo y armonía.

Si no podemos hacer nada por modificar la conducta del Estado, vamos a modificar el funcionamiento social; a replantear la estructuración de nuestro tejido comunitario para que sea un hilado comprometido con todos. Y debemos hacerlo ya: antes que el miedo y la comodidad cómplice nos conviertan, precisamente, en cómplices de asesinos y criminales.

Correspondencia preocupada: luisaguilarmty@yahoo.com

 

 

 

 

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